La escalada con Estados Unidos

Lo importante en un momento de gran tensión entre México y Estados Unidos, como el que vivimos hoy, reside en comprender las señales que cada parte envía y recibe. En México, tendemos a adoptar una visión conspirativa, de omnipotencia y omnisciencia de Washington hacia nosotros; ellos tienden a negar la existencia de operaciones encubiertas, de golpes bajos y de acciones concertadas para promover sus intereses en México.

Por lo menos desde los acuerdos de Bucareli, Estados Unidos ha priorizado la estabilidad mexicana frente a cualquier otro objetivo, y México ha aceptado la inmensa asimetría en la correlación de fuerzas entre ambos países. Con Trump y Sheinbaum, estas dos premisas dan la impresión de esfumarse: pareciera que ya no valen. Lo cual dificulta enormemente la lectura de los acontecimientos y de los mensajes.

Dos filtraciones en los últimos días ilustran la complejidad y la gravedad de la coyuntura actual. El aviso del Departamento de Estado a CBS de que podría cambiar el status de los 53 consulados mexicanos en Estados Unidos, y la de alguien, probablemente la misma CIA, a CNN, que sus agentes participaron en la ejecución extrajudicial de dos personas —narcos o no, da igual— cerca del AIFA elevan el nivel de enfrentamiento. No importa que el tema de los consulados figurara en la agenda de Rubio desde hace meses, y que el atentado contra “El Payín” sucedió hace mes y medio. Lo significativo radica en el momento de la filtración: en el contexto del rechazo, burlón, bravucón y estridente, de Sheinbaum a la solicitud de detención de Rocha Moya. 

Trump viola la máxima de la estabilidad mexicana. Cualquiera entiende que los sucesivos ataques al gobierno de Sheinbaum generan debilidades y fracturas que no necesariamente podrán ser solventadas. Se trata de una secuencia de golpes uno tras otro que dificultan la gobernanza del país. No soy, desde luego, de los que piensan que si le va bien al presidente(a), le va bien a México. Pero es obvio que la sucesión de conflictos iniciados por Estados Unidos perjudica al país.

De la misma manera, Sheinbaum parece haber olvidado, o abandonado, el respeto por la asimetría. Incluso si ignoraba todo de las actividades de la CIA en México —no lo creo— el tono de sus respuestas a Trump, la cantaleta absurda de las pruebas y la repetición incansable de la soberanía pueden alterar el frágil equilibrio con Trump. Además de colocar a su gobierno en una situación insostenible: el coche bomba de Santa Lucía es una ejecución extrajudicial perpetrada por el ejército mexicano, con o sin la asesoría o participación de la CIA.

Es evidente que vienen más incidentes, deliberados o accidentales (como el episodio de Chihuahua: un accidente). O nuevas acusaciones a más narco políticos de Morena, o investigaciones de más bancos en México, o nuevas represalias por la negativa de entregar a Rocha, a través de visas, remesas, designación de Morena como una FTO (ver el ya famoso Black Paper): la escalada va a seguir. Estados Unidos no se preocupa ya por las consecuencias de sus actos para la gobernabilidad mexicana, y Sheinbaum se despreocupa de la irritación, fastidio o franco encabronamiento que su retórica pueda despertar en el ánimo de Trump. Alguien tiene que dar un paso atrás. Parece más factible, deseable y necesario que lo haga México.

Ahora sí que al mal paso darle prisa. 

Jorge G. Castañeda

Secretario de Relaciones Exteriores de México de 2000 a 2003. Profesor de política y estudios sobre América Latina en la Universidad de Nueva York. Entre sus libros: Las dos izquierdas y Estados Unidos: en la intimidad y a la distancia

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Publicado en: Amarres