Unos países saldrán bien de esta crisis, y otros mal. Ya se han mencionado algunos que van a salir bien: Costa Rica, Corea del Sur, Alemania, Suecia, Dinamarca, Japón y Canadá, quizás Chile. Los que saldrán mal, ya sabemos más o menos quienes son: Estados Unidos, probablemente México y seguramente Brasil. Las diferencias se dan por la oportunidad de la respuesta, la solidez de los sistemas de salud, la cultura (el caso de Japón) y los recursos humanos y financieros invertidos en combatir al COVID-19.
Los bancos y los malls en la 4T
Mucha gente le reclamó una supuesta ignorancia a López Obrador cuando declaró, hace pocos días, que el Banco de México no debía rescatar a empresas con su decisión de cuasi quantitative easing, tan aplaudida en varios sectores. ¿Cómo era posible que el presidente no supiera que el banco central no rescata empresas, sino que únicamente introduce mayores recursos al sistema financiero al comprar papel de distintas naturalezas, pero que no le puede prestar a empresas, mucho menos rescatarlas? No sabe de lo que habla.
AMLO, la izquierda latinoamericana y la autoconstrucción
López Obrador y la gran parte de la izquierda mexicana desde 1988 —con la excepción de Muñoz Ledo— forman parte de esta segunda vertiente. Se han resignado a que “otro mundo no es posible”, pero no a que no fuera deseable. Quizás el mejor ejemplo —abundan otros, pero este es el más reciente y claro— yace en las declaraciones de López Obrador sobre los créditos del Infonavit y la autoconstrucción la semana pasada.
Pedir prestado para Pemex
López Obrador insiste en que no quiere endeudar al país y seguramente ése es su deseo más profundo. Sin embargo, lo está teniendo que hacer por varios motivos y hoy ya vemos algunos indicios de ello. Lo que pasa es que todo esto resulta un poco más complicado de lo que parece.
Las cifras de las muertes del virus
Veremos en estos días cuál de estas explicaciones es la buena, o ninguna. Pero cuidado: si todo el “irigote” del cierre de las economías fue para evitar estas cifras tan bajas de fallecimientos, habrá que dar… explicaciones. Y que no nos vengan con el cuento de que fue gracias a dichos cierres que se evitaron las muertes. Todos los países cerraron; en unos murieron muchos, en otros tal vez (ojalá), no.
¿Cuanto nos costaría el dinero?
Un par de notas publicadas esta semana por The Financial Times en Londres han puesto de relieve las consecuencias de la reacción del gobierno de México ante la crisis del coronavirus. Pero también han contribuido al debate sobre la viabilidad de muchas de las propuestas formuladas por distintos grupos y expertos en las últimas semanas, y que el gobierno ha decidido pasar por alto.
¿Revocación de mandato adelantada?
Con su innegable habilidad para cambiar la conversación, López Obrador ha abierto un nuevo frente. Le permitirá restarle atención al coronavirus, al engaño del acuerdo de la OPEP+, a la hecatombe económica y a la desaparición de casi todo su gabinete. Se trata de la revocación de mandato, y de su propuesta de adelantarla para 2021.
Los médicos cubanos en los tiempos del coronavirus
Tres preguntas a López Obrador surgen. En primer lugar, ¿hay escasez de médicos mexicanos, y es necesario el apoyo de los cubanos? Segunda: ¿se aceptará la violación de derechos humanos que implican sus condiciones de trabajo? Y en tercer término, ¿se aceptará la llegada de “miembros del aparato de seguridad cubano que suelen formar parte de esas misiones”?
El nuevo estado de bienestar mexicano
A tres días de que el gobierno de México anuncie —con varias semanas de retraso— su plan de respuesta económica —ya no monetaria, sino fiscal— a la crisis del coronavirus, contamos con varios ejemplos de lo que se está haciendo en el resto del mundo. Ya sé que eso no nos importa, según López Obrador, pero una rápida reseña de las opciones disponibles puede resultar interesante, aunque solo fuera por motivos de curiosidad intelectual.
Una sugerencia inútil
Hay seis mexicanos en vida que se han encontrado en situaciones semejantes a la que vive hoy AMLO. Nadie más ha tenido que enfrentar una grave crisis sanitaria, económica, política o internacional desde la soledad del poder, sin la posibilidad de transferir a alguien más las decisiones, ni de compartir con otros la responsabilidad de lo que se resuelve.