Todo el mundo —desde Pelé hasta Mickey Mantle o Tom Brady— tiene días malos. Ayer López Obrador y López-Gatell vacunaron a 31 185 mexicanos. Pero una cosa es un día malo y otra muy distinta es esta cifra patética: está bien que mamen, pero que no se lleven la vaca. Aunque hay varias explicaciones plausibles de dicho volumen irrisorio, es aberrante.
Primero, la comparación. Ayer mismo, en Estados Unidos fueron vacunados un poco más de dos millones de personas: 64 veces más que en México. Aun considerando que los norteamericanos son 2.7 veces más que nosotros, la diferencia es gigantesca. Conviene recordar que esto sucede dos meses y medio después de que arrancara el proceso de vacunación en México.
El mismo día de ayer, Chile vacunó a 288 000 personas, nueve veces más que nosotros. En términos per cápita, siendo ellos siete veces menos numerosos que nosotros, los chilenos vacunaron a 63 veces más habitantes que México. Un país más pequeño, sin duda, pero también con menos recursos, con un gobierno de derecha, y un sistema de salud privatizado desde hace cuarenta años.

Ilustración: Víctor Solís
¿Por qué? Muchos países enfrentan serias dificultades en la obtención de vacunas. Italia ayer prohibió la exportación de dosis a Australia. Los franceses, con uno de los mejores sistemas de salud del mundo, han tenido un desempeño lamentable de vacunación. Japón no ha tenido ningún desempeño: sólo ha vacunado a 41 000 ciudadanos, México a más de dos millones. Pero no presumen la compra o donación de millones y millones de vacunas, y además no poseen necesariamente la situación privilegiada de México.
El gobierno ¿tiene vacunas y las está guardando para después? ¿No las tiene, y se niega a reconocer que su estrategia de compra y/o donación no funcionó? Las dos hipótesis son verosímiles, pero me niego a aceptar la primera.
Muchos, desde Brozo hasta expertos de organismos internacionales, piensan que no es imposible que el gobierno esté conservando vacunas ahora, para soltarlas después. ¿Cuándo? En abril y mayo, es decir, durante los dos meses previos a la elección del 6 de junio. No descarto que el cinismo gubernamental sea insuficiente para seguir este camino; son capaces. Pero me parece que implica demasiada planificación, demasiada visión, demasiado riesgo de que alguien (sobre todo la prensa extranjera; de la mexicana no tienen de qué preocuparse) los descubra y denuncie.
Más bien, todo sugiere que simplemente fueron incapaces de conseguir las vacunas que Chile sí consiguió, o de aplicar las que Estados Unidos sí inyectó. Es posible que la ciudadanía no le cobre esto en las urnas en junio, porque no lo entienda, o no lo sepa, o la convenzan de lo contrario. También puede resultar que, sin querer, en los hechos, la vacunación masiva efectivamente se produzca en abril y mayo, no por estrategia, sino por serendipity.
Pero hoy, mal día o no, es risible, por no decir trágico, lo que ha sucedido. Vacunar a 31 000 mexicanos de 126 millones en una jornada es algo que, en cualquier país serio, obligaría a la renuncia del responsable. ¿Quién es?
Jorge G. Castañeda
Secretario de Relaciones Exteriores de México de 2000 a 2003. Profesor de política y estudios sobre América Latina en la Universidad de Nueva York. Entre sus libros: Sólo así: por una agenda ciudadana independiente y Amarres perros. Una autobiografía.
Nota del autor: Mi libro Estados Unidos: en la intimidad y a la distancia publicado por Debate ya está disponible en Amazon.