
La mejor respuesta a esa pregunta suele radicar en una simple afirmación: el suelo no está tan parejo. Pareciera que esta parábola sirve para explicar el extraño comportamiento del gobierno de Claudia Sheinbaum en estos últimos días. Me explico.
La presidenta, sus redes, sus bots, sus comentócratas y sus funcionarios, le han hecho una publicidad inmensa, gratuita y quizá muy eficaz a la marcha de la Generación Z convocada para este sábado. Al denunciar el supuesto pecado de origen de la movilización –es apoyada por la derecha nacional e internacional– contribuyen a ampliar la convocatoria, y a darle una trascendencia y connotación, que no necesariamente encerraba antes de esta campaña.
Incluso dejando de lado el carácter odioso de repetir las acusaciones díazordacistas de 1968, y aun si fuera cierto que Ricardo Salinas, Claudio González, Vicente Fox, el PAN, el PRI, Javier Milei, la primera ministra Meloni, Steve Bannon, Bukele y no sé cuántos otros malos de Malolandia están detrás de ello –lo cual no tendría absolutamente nada negativo– sólo ha expandido la resonancia de la marcha y su relevancia en la vida política nacional. Las vallas cercando Bellas Artes, la calle Madero, Palacio Nacional, etc., van en el mismo sentido.
No parece haber nada en la naturaleza propia de la marcha –jóvenes de menos de 30 años, encabronados por el gobierno, el mundo y la vida– que pueden desahogar sus frustraciones y agravios en las calles como en el resto del mundo. Que estos jóvenes por medio de marchas y redes sociales hayan derrocado a gobiernos en Nepal y Madagascar no es pertinente para la situación en México. Entonces la pregunta: ¿Para qué tanto brinco si el suelo está parejo?
Una segunda conducta del gobierno en estos días plantea la misma interrogante. Como algunos lectores sabrán, hace unas semanas fue detenido de nuevo, más de 30 años después, un falso segundo tirador que habría participado en el asesinato de Colosio. La tesis del segundo tirador –trátese o bien de Jorge Sánchez Ortega o de Othón Cortéz– ha sido desmentida en repetidas ocasiones y las investigaciones hechas entonces y después han confirmado de manera contundente que no hubo tal segundo tirador.
López Obrador intentó resucitar la tesis para vincular a sus bêtes noires García Luna y Carlos Salinas de Gortari con el magnicidio. Pero, por lo menos en el caso de Salinas, es evidente que se trata de una tesis espuria. Sin embargo, ahora la Fiscalía ha vuelto a detener a Sánchez Ortega, y este sábado un juez en el Altiplano va a determinar si se le dicta formal prisión, a diferencia de lo que sucedió hace unos cuantos años bajo el gobierno de López Obrador.
Se sabe que la Fiscalía General de la República no actúa por cuenta propia. Hace lo que le dicen. La duda aquí es quién le dice: ¿Sheinbaum o López Obrador?. Hay quienes sostienen que esta es una decisión a la que no puede haber sido ajena la presidenta, aunque la iniciativa venga de Palenque. Hay otros que argumentan que se trata de una pura obsesión lópezobradorista, con el propósito de fortalecer su legado y robustecer una acusación central de dicho legado: quizás en la 4T hay rateros e ineptos, pero los del PRIAN robaban, desgobernaban y además se mataban entre sí.
Por ahora es imposible saber si el origen de esta extraña maniobra se halla, como decía, en Palacio o en Palenque. Pero si se dicta el acta de formal prisión, tendremos otra vez que hacernos la pregunta: ¿Para qué tanto brinco estando tan parejo el suelo?
La única explicación es que no está parejo el suelo. El gobierno quizá sienta –y lo sepa por sus propias encuestas– que no todo va bien en el mundo de Claudialandia. La economía no crece, la violencia no disminuye –a pesar de las estadísticas maquilladas– las negociaciones con Estados Unidos no avanzan, la corrupción en los dos sexenios está peor que nunca, y las protestas comienzan a generalizarse, aunque todavía en forma modesta. Ellos saben algo que quizás los demás ignoramos. No me refiero a la preocupación electoral para el año entrante, pero sí a la capacidad del gobierno de atender los múltiples frentes que ha abierto las últimas semanas. Para eso, la marcha y el segundo tirador podrían ser vistos como antídotos o valladares. Dudo que funcionen.
Jorge G. Castañeda
Secretario de Relaciones Exteriores de México de 2000 a 2003. Profesor de política y estudios sobre América Latina en la Universidad de Nueva York. Entre sus libros: Las dos izquierdas y Estados Unidos: en la intimidad y a la distancia.