La elección de la presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación muestra, una vez más, que bajo ciertas circunstancias la llamada 4T y López Obrador pueden ser derrotados. Ciertamente, deben concatenarse muchos factores y las ocasiones han sido escasas. Pero se han producido y a lo que esto conduce es a pensar que, si se vuelven a reunir las condiciones necesarias, sus derrotas pueden repetirse también.
Plagio (no me refiero a la novela de Aguilar Camín)
La ministra debiera ser investigada por quien le otorgó el título —la ENEP Aragón, parte de la UNAM—, por su empleador actual —la Suprema Corte— y por aquellas instituciones a las que perteneció gracias a un título universitario obtenido de manera espuria. Obviamente no por su club de bridge, donde nada de esto importa. Y si el resultado de la investigación es concluyente, debe retirársele el título universitario, así como cualquier adscripción profesional originada en el mismo. Huelga decir que su pertenencia en la Corte terminaría.
El atentado
Es evidente que el gobierno no puede combatir la violencia que se ejerce en el país contra los mexicanos en general, y contra los periodistas en particular: ni los locales, ni los regionales, ni los nacionales. El atentado fallido contra Ciro Gómez Leyva es una muestra palmaria de esta incapacidad.
El realismo mágico en el Senado
En principio, los senadores de Morena, con dos excepciones, votaron de una manera cínica y atrabiliaria. Votaron a favor de cambios a las leyes electorales que ellos mismos saben que son inconstitucionales. Votaron a favor de modificaciones que su jefe y amado líder les dijo que no le gustaban. Votaron a favor de reformas a las cuales se opuso su coordinador, aunque su voto haya sido una pantomima. Votaron en contra de sus convicciones de hace pocos años. Y votaron en contra de la letra y del espíritu de las reglas democráticas que les permitieron llegar al poder. A ningún autor del realismo mágico se le hubiera podido ocurrir semejante delirio.
Monreal, ¿factótum o comparsa?
Ricardo Monreal se ha colocado en un lugar altamente deseable para un político. Todos quieren saber qué va a hacer porque, en alguna manera, trae la sartén por el mango: de él depende, hasta cierto punto, la sobrevivencia de la reforma de las leyes electorales secundarias que López Obrador quiere que el Congreso apruebe para destruir el INE hasta donde pueda hacerlo sin cambios constitucionales. El juego de la especulación se ha desatado. Todo el mundo quiere saber qué va a hacer Monreal, como si fuera el verdadero factótum de todo el proceso.
La caída de Castillo
Las peripecias de Pedro Castillo en Perú, y el triste pero previsible desenlace, motivan varias reflexiones a bote pronto, a reserva de confirmar algunos de los datos en los que descansan más adelante. En primer lugar, todo sugiere que lo que ha acontecido en el Perú desde que llegó Castillo a la Presidencia alimenta la narrativa prepotente y soberbia de muchas de las élites latinoamericanas, y en particular de la peruana, de que la gente sin educación, sin experiencias, sin mundo, que no pertenece a la clase política, no está capacitada para gobernar. Esa es una simple falacia.
El cambio supera la continuidad
La aprobación de AMLO es estadísticamente la misma que la de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón en el momento equivalente de sus respectivos sexenios: entre 57 % y 61 %, felices los cuatro. Sólo Enrique Peña desentona, con sólo 24 % de aprobación y 73 % de rechazo. El atípico es Peña, no López Obrador.
Se cierran los tiempos
Ya se acercan los momentos de definiciones de distintos actores frente a la sucesión presidencial de 2024. Ante la derrota de la 4T en cuanto a la destrucción del INE, el gobierno tendrá que decidir si busca de cualquier manera un supuesto plan B —probablemente imposible de confeccionar por los ineptos expertos de Morena— o simplemente jugar a la designación, en abril, de cuatro consejeros a modo. El líder del PRI, contra el cual ya se volvió a echar a andar el proceso de desafuero y eventual encarcelamiento, tendrá que decidir no sólo si se mantiene en su voto en contra de la reforma constitucional del INE, sino si va a seguir adelante con la alianza con el PAN y el PRD. Le puede costar su libertad o, en todo caso, igual que Ricardo Anaya, la permanencia en su país.
Las marchas que siguen
Ya casi todo se ha dicho sobre la marcha del ardor. Me quedo con la gran cantidad de gente que fue por convicción, y con o sin “apoyos” (gran eufemismo mexicano, seguramente un concepto fundacional del humanismo mexicano); con el Zócalo que no pudieron llenar los ya consuetudinariamente ineptos operadores de la 4T; y con la enorme ilegalidad del uso de recursos públicos para financiar la publicidad, el transporte y la alimentación de una parte considerable de los participantes. La carga de la prueba le corresponde a López Obrador: demostrar que alguien más, y no el Estado, sufragó el costo de los casi 2000 vehículos que Reforma contó estacionados en las arterias de la capital.
Postergar el panel del T-Mec: victoria pírrica de la 4T
Conversando con un amigo norteamericano en Nueva York estos días, se me ocurrió una hipótesis relativa a las consultas sobre el T-MEC entre México, Estados Unidos y Canadá, que seguramente quienes conocen mejor el tema ya han considerado. Parte del cambio de equipo en la Secretaría de Economía, y del tiempo que la 4T ganó con ese recurso, deliberado o no