El gobierno ha insistido —con toda la razón, pienso yo— que los niños y jóvenes debían volver a la escuela hace un poco más de un mes. López Obrador vuelve a ello casi todos los días, supongo que con motivo de la reticencia de muchos padres de familia frente a la perpetuación de la pandemia. Ya se ha dicho repetidamente: después de haberle metido un pánico innecesario a la gente de que había que cerrar las escuelas, es medio lógico que los padres de familia se resistan a abrirlas.

Ilustración: Raquel Moreno
Pero eso es lo de menos. Lo fantástico es el ranking de México en la lista de países con más días escolares perdidos en el mundo. Es cierto que los números que siguen —ya publicados en Reforma, con importantes imprecisiones, una vez no es costumbre— provienen de la OCDE. Es una organización fifí, es decir, de los países ricos, mas algunos no tan ricos como México, Chile, Colombia y Turquía, a los cuales se agregan los asociados (Costa Rica, por ejemplo). Al gobierno les cae gorda, a tal grado que vetaron la candidatura del exdirector de la OCDE, José Ángel Gurría, a la dirección de la SEGIB, el secretariado de la Cumbre Iberoamericana con sede en Madrid
Una tabla de la OCDE muestra el número de días escolares de escuelas completamente cerradas en 2020 y 2021, sin contar días feriados, de fiesta y fines de semana. Se trata de la suma de todos los ciclos: preescolar, básica y media superior. De los treinta países revisados, México quedó en primer lugar (es decir, en último: con más días perdidos), con más de 250, entre el primero de enero de 2020 y el 20 de mayo de 2021. En los primeros lugares (es decir, los últimos: con menos días perdidos) figuran Nueva Zelanda, España y Francia. Perdimos más días de escuela que Costa Rica, Colombia, Turquía, Chile y Portugal, y por mucho. En otras palabras, el gran manejo educativo de la pandemia en México fue el peor del mundo “rico” y “medio rico”.
Si nos vamos solamente a educación preprimaria y primaria —donde los daños son mayores— México quedó en cuarto lugar, superando ciertamente a Brasil —el peor de todos—, Costa Rica y Colombia. Entre los países medios, Chile y Turquía nos ganaron. Estos datos no prejuzgan la calidad de los sustitutos de la presencia escolar: online, o televisión rural de los años setenta en México, por ejemplo. Se trata únicamente de una calificación cuantitativa.
Fuimos los peores entre los de nuestra edad, por así decirlo. Pero la cosa es más grave. El gobierno tuvo una magnífica oportunidad de aprovechar el desastre para poner en práctica la reforma educativa más importante para el país: la escuela de tiempo completo en la primaria. González Roaro, Limón y Zedillo hicieron algo en los noventa; Nuño y Peña, el sexenio pasado, todos menos de lo necesario. López Obrador ha desmantelado lo que se hizo, pero podría haber utilizado la pérdida de 264 días de escuela para extender la jornada de cuatro horas y media a seis o a ocho, justificando el gasto adicional precisamente por los días perdidos. Huelga decir que ni se les ocurrió.
Sabemos que el manejo sanitario de la pandemia en México fue de los peores del mundo. Sabemos que el costo económico y social del provincianismo increíble de López Obrador nos colocó en una gran desventaja frente a otros países (Chile decreció 5 % en 2020, y crecerá 11 % en 2021: un swing de 6 %; México lo tuvo negativo, de -2 %). Pero, en materia educativa, según la organización a la que pertenecemos (AMLO no nos ha retirado, ni de la OCDE ni de la OEA), fuimos los peores.
Jorge G. Castañeda
Secretario de Relaciones Exteriores de México de 2000 a 2003. Profesor de política y estudios sobre América Latina en la Universidad de Nueva York. Entre sus libros: Estados Unidos: en la intimidad y a la distancia y Sólo así: por una agenda ciudadana independiente