El tamaño del pastel

El otro día en una discusión ante inversionistas con mi amigo y colega Javier Tello, surgió un punto de desacuerdo matizado entre el comentarista de Es la hora de opinar y yo. Ambos coincidíamos en que dado el bajo crecimiento de la economía previsto para este año y probablemente para por lo menos el siguiente, los ambiciosos programas sociales de López Obrador difícilmente podrán ser financiados sin algún tipo de complemento. La pregunta era de dónde van a venir esos recursos tanto desde el punto de vista estrictamente fiscal como desde una perspectiva más social. Insistía yo: si el pastel no crece y se quiere seguir redistribuyendo como dice López Obrador, hay que quitarle a algunos para darle a otros, o si se prefiere hay que restarle a los que más tienen para entregárselo a los que menos tienen.

Ilustración: Víctor Solís

Si esos mayores recursos no provienen del crecimiento, y los márgenes de endeudamiento, aunque no menores, no son infinitos, todo sugiere que la fuente más eficiente, productiva y factible de aumentar recursos, es una reforma fiscal de fondo en México. López Obrador ha dicho que no quiere hacerla hasta después de las elecciones de 2021. Más allá del error estratégico de esta postura —hace unos días me comentó el expresidente Juan Manuel Santos que lo que no se hace en el primer año de un gobierno en materia fiscal, suele no hacerse— ya el plazo para AMLO se amplió. Al colocar la revocación de mandato hasta marzo de 2022, casi podemos aseverar sin mayores posibilidades de equivocarnos, que no habrá reforma fiscal antes de esa fecha. Ir a un plebiscito habiendo apenas aumentado los impuestos a quien sea, es ir al suicidio electoral.

El tema va a ser cómo llevar a cabo una reforma fiscal antes, sin que parezca una reforma fiscal, o que sea una reforma que sólo afecte a la gente más pudiente. Además del aumento al impuesto sobre intereses de 1% a 1.45% que entró en vigor el 1 de enero, es muy posible que la discusión en Estados Unidos sobre el impuesto patrimonial —propuesto tanto por Elizabeth Warren como por Bernie Sanders— pueda pronto trasladarse a México. Y la racionalidad es muy sencilla: si ha habido una enorme concentración de la riqueza en Estados Unidos, en Europa Occidental, en China, en la India y desde luego en México en los últimos 30 años, la única manera de contrarrestarla es con un impuesto ya no únicamente sobre el ingreso sino sobre lo que se ha concentrado, a saber, la riqueza.

En México el único impuesto patrimonial que tenemos, es como en casi todos los países, el predial. Pero recaudamos menos como porcentaje del PIB por el predial que la mayoría de los países en América Latina, sin hablar desde luego de los países ricos. Un impuesto patrimonial en México sería altamente recaudatorio, probablemente eficaz en la medida que el SAT ya tiene los instrumentos para detectar y contabilizar el patrimonio de los sectores de mayor riqueza en el país, y tendría una connotación de justicia muy evidente.

¿Difícil hacerlo en México porque los ricos llevarían su patrimonio a otros países? ¿Como por ejemplo a Estados Unidos? ¿Y qué tal que Estados Unidos ya tiene su propio impuesto patrimonial?

 

Jorge G. Castañeda
Secretario de Relaciones Exteriores de México de 2000 a 2003. Profesor de política y estudios sobre América Latina en la Universidad de Nueva York. Entre sus libros: Sólo así: por una agenda ciudadana independiente y Amarres perros. Una autobiografía.

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Publicado en: Amarres

3 comentarios en “El tamaño del pastel

  1. De acuerdo con este artículo es posible que Lopez Obrador haya cumplido ya sus iniciativas mas agresivas en su primer año de gobierno. Jorge Castañeda nos muestra brevemente las dificultades que tendrá el presidente para dar pasos mas agresivos en el futuro. Entonces, asustar a los mas ricos con los argumentos de subida de impuestos para ellos puede ser, mas que una realidad, pura ideología, parte de un programa opositor. Qué vendrá en el futuro? Yo no lo sé. Lo que sí hemos visto es que hasta ahora el gobierno no ha gastado mas de lo programado, no ha aumentado la deuda ni le ha dado por intervenir en el control de cambios, mucho menos reforma fiscal. Por qué habría de hacerlo en el futuro? Los opositores, si prestan atención a los argumentos fuertes de este artículo, podrían respirar con tranquilidad. Y las grandes mayorías deberían esperar que continúe este tímido esfuerzo de reducir las desigualdades. Ojalá el salario mínimo siga incrementándose, ojalá las ayudas sociales instrumentadas en el primer año puedan mantenerse y poco más. Lamentablemente, el presidente no parece tener planes para desarrollar otros aspectos que, no están directamente relacionados con la economía, pero que podrían contribuir para tener una mejor sociedad.

    1. Pues sí bien es cierto, que no ha aumentado (significativamente) la deuda, hubo un separávit y los demás aspectos aspectos de la macro economía están estables (cualquier neoliberal lo presumiría), también lo es que según datos oficiales de Hacienda hubo un subejercicio y se tuvo que recurrir al fondo de contingencia (un pellizco de 6 mil millones de dólares). Según todos los cálculos la población seguirá creciendo en este sexenio, en especial los pobres, así que si no se aumentan los impuestos (ya por reforma fiscal, ya por incremento del PIB), los programas sociales son insostenibles en el mediano plazo

    2. Y entonces porque no hemos crecido, porque hay más desempleo, porque quiere controlar INE,INEGI y Banco de Mexico, porque ha fallado su estrategia contra la delincuencia y narcos, porque la GN está de muro en la frontera, creo que Jorge Castañeda tiene mucha razón, en su artículo , por desgracia su presidente no oye, no ve y solo habla como perico además de mentir frecuentemente

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