Hay multitudes de periodistas mexicanos y extranjeros cubriendo el juicio de García Luna en Brooklyn. Y un número importante de integrantes de la comentocracia aquí en México se han referido al juicio también. A mí nada me daría más gusto, uno, que condenaran a García Luna: me da igual si por narco, por corrupto o, sobre todo, por su complicidad en la ejecución de una guerra que ha dejado cientos de miles de muertos. Pero, dos, también me agradaría enormemente que en el juicio saliera información, ya sea por parte de la fiscalía, ya sea por parte de la defensa de García Luna, sobre la complicidad de otros altos funcionarios de ese gobierno, o de los que lo siguieron, en la prolongación hasta el día de hoy de la guerra del narco.
Amarres
Las hojas de té de La Jornada
Es posible entender mucho de lo que sucede en el gobierno de López Obrador, y dentro de Morena, hojeando de vez en cuando, pero con cierto cuidado, las páginas —sobre todo la primera plana— y fotos del órgano oficial de la 4T, es decir, el equivalente de Pravda o de Granma: La Jornada. Sobre todo en estos momentos en que vuelve por sus fueros el “tapadismo” mexicano, por lo menos en el sentido de que el candidato a la presidencia de Morena será escogido(a) por López Obrador.
La UNAM: quedar bien (mal) con todos
Doble decisión: por un lado, la FES Aragón claramente afirma que la ministra, en esa época alumna de la ENEP Aragón, plagió en 1987 la tesis de Edgar Báez, alumno de la Facultad de Derecho de la UNAM, que fue redactada y presentada en 1986. Por el otro, la Rectoría de la Universidad concede que en la normatividad actual de la UNAM no existe la posibilidad de retirarle el título a la ministra. Remite la Rectoría a un documento del abogado general de la UNAM, escrito en la infame, impresentable e ilegible jerga leguleya, legalista, de abogados de barandilla, que supuestamente explica en un idioma incomprensible por qué no se le puede quitar el título a Yasmín Esquivel.
Lo importante de la cumbre fue el antes y el después
Ellos saben que el sexenio ya casi se acaba. Faltan 17 meses para las elecciones presidenciales, y veinte para el cambio de gobierno. En materia de negociaciones comerciales, es un parpadeo. Mejor esperar que amanezca, pueden pensar los norteamericanos, con algo de razón.
El hijo del Chapo, los migrantes y el AIFA
A reserva de contar con más información —y falta mucha—, unas primeras reflexiones sobre los acontecimientos de ayer se pueden compartir sin mucho temor a equivocarse. Se trata de tres sucesos de desigual importancia: la captura de Ovidio, el acuerdo migratorio entre México y Estados Unidos y la aceptación por parte Biden, ante la insistencia de López Obrador, de aterrizar en el aeropuerto Felipe Ángeles.
Sí se puede
La elección de la presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación muestra, una vez más, que bajo ciertas circunstancias la llamada 4T y López Obrador pueden ser derrotados. Ciertamente, deben concatenarse muchos factores y las ocasiones han sido escasas. Pero se han producido y a lo que esto conduce es a pensar que, si se vuelven a reunir las condiciones necesarias, sus derrotas pueden repetirse también.
Plagio (no me refiero a la novela de Aguilar Camín)
La ministra debiera ser investigada por quien le otorgó el título —la ENEP Aragón, parte de la UNAM—, por su empleador actual —la Suprema Corte— y por aquellas instituciones a las que perteneció gracias a un título universitario obtenido de manera espuria. Obviamente no por su club de bridge, donde nada de esto importa. Y si el resultado de la investigación es concluyente, debe retirársele el título universitario, así como cualquier adscripción profesional originada en el mismo. Huelga decir que su pertenencia en la Corte terminaría.
El atentado
Es evidente que el gobierno no puede combatir la violencia que se ejerce en el país contra los mexicanos en general, y contra los periodistas en particular: ni los locales, ni los regionales, ni los nacionales. El atentado fallido contra Ciro Gómez Leyva es una muestra palmaria de esta incapacidad.
El realismo mágico en el Senado
En principio, los senadores de Morena, con dos excepciones, votaron de una manera cínica y atrabiliaria. Votaron a favor de cambios a las leyes electorales que ellos mismos saben que son inconstitucionales. Votaron a favor de modificaciones que su jefe y amado líder les dijo que no le gustaban. Votaron a favor de reformas a las cuales se opuso su coordinador, aunque su voto haya sido una pantomima. Votaron en contra de sus convicciones de hace pocos años. Y votaron en contra de la letra y del espíritu de las reglas democráticas que les permitieron llegar al poder. A ningún autor del realismo mágico se le hubiera podido ocurrir semejante delirio.
Monreal, ¿factótum o comparsa?
Ricardo Monreal se ha colocado en un lugar altamente deseable para un político. Todos quieren saber qué va a hacer porque, en alguna manera, trae la sartén por el mango: de él depende, hasta cierto punto, la sobrevivencia de la reforma de las leyes electorales secundarias que López Obrador quiere que el Congreso apruebe para destruir el INE hasta donde pueda hacerlo sin cambios constitucionales. El juego de la especulación se ha desatado. Todo el mundo quiere saber qué va a hacer Monreal, como si fuera el verdadero factótum de todo el proceso.