El fracking mágico 

Bienvenido el anuncio del fracking de Sheinbaum. Fue un absurdo abstenerse de hacerlo estos últimos siete, casi ocho años. Las razones nunca fueron convincentes, y la demora nos ha salido onerosa. Pero falta mucho antes de echar las campanas al vuelo.

Para empezar, todo esto se pudo iniciar hace años, como en Estados Unidos. Allá, el fracking arrancó en serio a partir de 2005, sobre todo en el Permian Basin, llevando a convertir a nuestro vecino en un exportador neto de hidrocarburos en 2019, producto sobre todo de las políticas de Obama entre 2009 y 2017. Los muy conocidos altos y bajos del procedimiento –ambientales, financieros, energéticos– no obstaron para que se desarrollara una enorme industria en el poniente de Texas y parte de Nuevo México. Nunca existió un motivo válido para que esto no sucediera del lado mexicano de la misma cuenca, salvo la terquedad, la ceguera y la ignorancia de López Obrador.

David Peón

Enseguida, a pesar de lo que piensan varios corresponsales extranjeros, y como lo explica Enrique Quintana, anunciar que vamos a iniciar el fracking y que vamos a ser autosuficientes o menos vulnerables en materia de gas natural no significa que eso vaya a suceder. En México somos expertos en proclamas, anuncios, vaticinios, intenciones y demás que nunca aterrizan. La 4T tiene una especial vocación para ello: AIFA, Tren Maya, Dos Bocas, Interoceánico, Insabi, IMSS-Bienestar, etcétera. El gobierno de Sheinbaum, que según ya se había convencido de las virtudes del esquema, se habrá tardado, en el mejor de los casos, un tercio de su sexenio en iniciar las operaciones. 

Eso supondría una de dos. O Pemex es capaz de realizar ese tipo de explotación —lo que muchos dudan— o la iniciativa privada nacional y extranjera se mostrará anuente a invertir en un negocio muy parecido al wildcatting de aguas profundas o de yacimientos no seguros. Dejo en manos de mis cuantos lectores el juicio sobre si la seguridad jurídica mexicana, la legislación energética, y la retórica presidencial son conducentes a un proceso de esa naturaleza. Sobre todo con el modelo de negocios del fracking, que no se presta demasiado al proceder de magnates oficialistas.

Por último, aunque esto es materia de discusión, la enorme precariedad energética de México proviene también de nuestra casi nula capacidad de almacenamiento. Pemex no se lo ha propuesto nunca, por razones económicas y dificultades geológicas —algunos sostienen que en México no existen las cavernas de sal para almacenar gas como en Estados Unidos, otros afirman que sí— y hoy disponemos casi únicamente de lo que hay en los gasoductos: entre dos y cuatro días. Sin fortalecer la capacidad mexicana correspondiente, seguiremos siendo inermes frente a un Trump, o un evento climático, o una guerra. 

Entonces, sí que bueno, pero ya sería hora de que abandonáramos nuestra devoción casi mágica por la palabra: basta decir algo para que suceda, para que se convierta en realidad. Así son los niños, y son encantadores. Los países serios no son así, y cuando lo son, pierden su encanto.

Jorge G. Castañeda

Secretario de Relaciones Exteriores de México de 2000 a 2003. Profesor de política y estudios sobre América Latina en la Universidad de Nueva York. Entre sus libros: Las dos izquierdas y Estados Unidos: en la intimidad y a la distancia

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Publicado en: Amarres